3 Opciones que te dejarán encantado para este viernes de mezcal.
- Queenie House
- 19 may 2023
- 4 Min. de lectura
¿Estás listo para una aventura llena de risas y sabores? Prepárate, porque te llevaremos por un recorrido inolvidable por los destinos más locos y divertidos para disfrutar del néctar divino del mezcal. ¡Sí, hablamos de ese elixir ancestral que hace que todo sea más divertido (o al menos eso creemos)!
Corazón de Maguey
El lugar ofrece dos opciones de menú: uno para alimentos y otro para mezcales artesanales campesinos. En la carta de alimentos, encontrarás una variedad de más de 50 platillos, entre los que se destacan el Monte Albán (una mezcla de hierbabuena, limón y chía), el Mantis (con kiwi, limón y licor de melón), y se recomienda probar el vuelo mezcalero, que consiste en una degustación de 4 tipos de mezcal a elegir.
Además de los mezcales, también ofrecen pulque, cervezas artesanales y algunas bebidas especiales de la casa, como la "Mentada de corazón" (hecha con manzanilla, curazao, mezcal y menta). Las bebidas del lugar son únicas y distintivas, pero los alimentos son el punto fuerte del restaurante.
La oferta mexicana incluye tacos de Jamaica, Atapacua verde (un purépecha verde espeso con masa y costillas), tlayudas, crema de nata, sopa de tortilla, fideo seco, huazontles en pasilla, trucha salmoneada, pero se recomiendan especialmente las pezcadillas de cazón como entrada, la lengua de res en pipián verde como plato principal y la tarta de papaya con helado de chile y nata como postre. Esta última surgió durante un festival gastronómico ofrecido por el lugar hace unos años y se convirtió en un favorito de los comensales, por lo que ahora forma parte del menú regular.

Antonila Condesa.
En Antolina, todas las verduras son de chinamperos de Xochimilco y los productos acuícolas y marinos provienen de proyectos de pesca sustentable —un esquema pesquero que captura considerando la permanencia de las especies y la salud del ecosistema—. Y sí importa que los productos de las chinampas y los modos de producción sustentables lleguen a las mesas de los restaurantes para establecer cadenas de consumo más saludables: desde el campo —o el mar— hasta tu mesa, los productos que consumes en Antolina no han dañado ecosistemas, pero han beneficiado a familias e individuos, y cada una de las personas que participaron para que tú puedas disfrutar de tu mezcalito y tu taquito, recibieron un dinero justo por su trabajo.
Es decir, no fueron explotados. Pete Mezcales, director general de Antolina, cuenta que Antolina era una cocinera tradicional de Veracruz, y eligieron hacer un homenaje a la energía femenina y a las mujeres en la cocina a través de ella. A lo mejor al llegar a Antolina uno no espera lo que está por venir. El lugar es sencillo, pero aquí viene a colación la frase que nos decían las abuelas: no hay que juzgar a un libro por su portada. Si bien la apariencia de Antolina puede transmitir limpieza, sencillez y la calidez de barrio, al sentarte a la mesa verás que la apuesta culinaria llega más lejos que la de muchos otros restaurantes, más pretenciosos y maquillados.
Para empezar, la oferta de mezcales en Antolina es espectacular. Todos los han incluido en su menú pensando en el concepto del consumo responsable; es decir, se aseguran que el dinero que se paga por el producto llegue a las manos de los productores. También hay algunas opciones de pox, cervezas independientes mexicanas y una carta muy atinada de vinos mexicanos. La cocina se distingue por sus propuestas; ingredientes y técnicas tradicionales mexicanos, pero con su pimpeada para darle un toque urbano y actual. Nosotros probamos la degustación de tostadas: una de aguachile de camarón, otra de kampachi y —mi favorita— una de pata, que me llevó directito a mi infancia, al comedor de mi abuela.

La Clandestia
Inspirado en la apariencia de una tienda de pueblo, este espacio da la bienvenida a sus visitantes con mostradores que exhiben productos como papillas para bebé, jabones Zote y paquetes de bicarbonato de sodio. En una de las repisas del anaquel, se pueden encontrar refrescos en botellas de vidrio y triangulitos de Boing a la venta.
El concepto general del lugar se asemeja a esas misceláneas donde solían servir bebidas alcohólicas en la parte trasera. Con bancas de diferentes estilos, lámparas que simulan fallas eléctricas, un piso de mármol sencillo y música popular, el ambiente se llena de un aire pueblerino encantado.
r
Las paredes están adornadas con artesanías y cuadros creados por diseñadores mexicanos, y garrafones de cristal exhiben una variedad de 22 mezcales distintos, con graduaciones alcohólicas que oscilan entre 31 y 54.7 grados. Entre los recomendados se encuentran el espadín blanco y el espadín reposado. Es importante mencionar que, al ordenar alguno de estos mezcales, siempre se sirven con el tradicional plato de gajos de naranja y otro con semillas de calabaza para picar. Además, ofrecen la venta de botellas bajo pedido.
En general, el ambiente es relajado y principalmente atrae a hipsters de la zona, algunas bandas y hasta figuras del mundo del cine y la televisión. Los meseros pueden tener un aspecto rudo, pero son extremadamente atentos, buenos conversadores y brindan un servicio rápido. Los precios de las cervezas y las jarras de mezcal son accesibles, lo que lo convierte en una buena opción para empezar la fiesta o para pasar toda la noche.
Aunque el espacio es acogedor, con capacidad para unas 50 personas, es importante destacar que la demanda siempre supera la oferta, a pesar de que solo llevan dos años abiertos al público.




Comentarios